Marzo 15, 2014  |  “Yo necesitaba levantar una ciudad en diecisiete meses” expresaba Dardo Rocha. Viajaba en tren a Ensenada, luego a caballo hasta donde se medían los terrenos. Al caer la tarde volvía a Buenos Aires y atendía su despacho de gobernador bonaerense.

La federalización de la Ciudad de Buenos Aires se concretó en 1880. La ley fue aprobada el 26 de septiembre de ese año. Buenos Aires fue entregada al poder central el 9 de diciembre y las autoridades de la provincia de Buenos Aires buscaron, entonces, una nueva capital provincial donde funcionarían sus instituciones políticas y administrativas.

Una comisión integrada por Aristóbulo del Valle, Eduardo Costa (hermano masón), Manuel Porcel de Peralta (hermano masón), Eduardo Wilde (hermano masón), José M. Ramos Mejía (hermano masón) y los ingenieros Francisco Lavalle (hermano masón) y Guillermo White, analizaron cuál sería el mejor lugar para el emplazamiento de la capital provincial.

El gobernador Dardo Rocha se decidió por los terrenos cercanos a la Ensenada, 60 kilómetros al sur de la  Capital Federal. Rocha, que ejerció su mandato como gobernador entre 1881 y 1884, convocó al arquitecto Pedro Benoit para el trazado de los los planos originales. El 14 de marzo de 1882 elevó su mensaje, propiciando la capitalización de Ensenada.

Rocha y Benoit eran hermanos masones. El gobernador había sido iniciado en la logia “Constancia Nº 7. Benoit ingresó a la masonería el 26 de octubre de 1858, en la Logia Consuelo del Infortunio Nº 3 y, posteriormente, contribuyó a la fundación  de la Logia La Plata Nº 80 donde alcanzó cargos de responsabilidad, entre ellos la representación de la Logia platense ante la Gran Logia de La Masonería Argentina.

La Piedra Fundacional de la Ciudad fue colocada el 19 de noviembre de 1882. Asistieron personalidades pertenecientes a la Masonería, entre ellas Domingo Fautino Sarmiento, Carlos Casares, Victorino de la Plaza, Carlos D’Amico y José Hernández, autor de Martín Fierro. Enterraron un cofre que contenía medallas de diferentes logias masónicas, tal como se comprobó en 1982 al cumplirse el centenario de la fundación.

“Yo necesitaba levantar una ciudad en diecisiete meses” expresó Rocha. Viajaba en tren a Ensenada, luego a caballo hasta donde se medían los terrenos. Al caer la tarde volvía a Buenos Aires y atendía su despacho de gobernador bonaerense.

El domingo 19 de noviembre de 1882, jornada de intenso calor, los invitados llegaron en tren desde Buenos Aires, vía Ensenada, y de allí a Tolosa desde donde la línea “Decauville” los trasladó hasta el sitio elegido para la ceremonia. A las 15:30, salvas de cañones y música ejecutada por una  banda saludaron el descenso de la piedra basal.

Luego se sirvieron colaciones para los invitados en un salón que fue especialmente previsto donde hoy se levanta la sede del club Gimnasia y Esgrima. Muchos invitados se habían refugiado bajo los árboles, el asado se echó a perder porque la carne no soportó el rigor sostenido de la temperatura ambiente.

Poco a poco la nueva ciudad observó el nacimiento de la Casa de Gobierno, la Legislatura, la Municipalidad, el Museo de Ciencias Naturales, el Teatro Argentino, el Ministerio de Gobierno y la Dirección de Escuelas, la iglesia San Ponciano, el Palacio de Hacienda, los Bancos de la Provincia e Hipotecario y la Catedral gótica. Febrilmente se construían viviendas, avanzaba el tendido de las vías para la circulación del tranvía, se erigían escuelas y hospitales, se colocaban los caños para el agua corriente y las luminarias públicas a gas, avanzaba el arbolado y se instalaban la estación ferroviaria, el telégrafo y el teléfono.

La sede de la Dirección General de Escuelas fue proyectada por el arquitecto Carlos Altgelt y a su inauguración asistió Domingo Faustino Sarmiento.

Más tarde, Sarmiento también haría uso de la palabra durante la inauguración de las primeras salas del Museo de Ciencias Naturales, en 1885, obra de los arquitectos Heynemann y Abergr, a partir de una colección particular donada por Francisco P. Moreno

Se ha reconocido internacionalmente que el trazado de La Plata nació de una idea concreta que fue desarrollada sobre un plano como parte de un ideario netamente racionalista. 

La participación de numerosos hermanos masones en su planeamiento, construcción y desarrollo  se advierte en la multiplicidad de símbolos masónicos que se encuentran en todos los rincones de su geografía y que actualmente suscita numerosas visitas tras la apertura de la masonería a la sociedad.

La Masonería Argentina recuerda con emoción la fundación de la ciudad de La Plata, tan íntimamente ligada a sus sentimientos, a sus hermanos que trabajaron discreta y ordenadamente en la realización del proyecto, y a la multiplicación de logias cuya presencia hoy señala un nuevo presente institucional de pleno resurgimiento.